escribe Jorge Cayetano Zaín Asís
especial para JorgeAsísDigital
Desde la posteridad, puede asistirse a la previsible reconstrucción, culposamente artificial, de otra epopeya de mármol. La de Arturo Frondizi. El intelectual capacitado, incuestionablemente sólido, que ocupara, a destiempo, la presidencia, entre 1958 y 1962.
Por la magia del descarte, se extiende, 45 años después, el virus del reconocimiento tardío.
A sus contemporáneos del pensamiento, el francés Bernard Henry-Levy les sugiere encarar “la aventura de la libertad”. Sin intensidad en la impertinencia, a partir de la libertad evaluativa, puede inferirse que a Frondizi le sobraron, al menos, 15 años de vida.
Fueron los años descartables. Los que el estadista utilizó para demoler los atributos que hoy se le celebran. Felizmente, tampoco tuvo suerte para la demolición. [..] Leer más >>


escribe Carolina Mantegari
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