escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital
“La sociedad no quiere opositores que se opongan a todo”.
“Tampoco seduce el oficialista que apruebe o defienda lo que se le ordene”.
“Es el turno de la oposición selectiva. Signo máximo de la madurez democrática”.
Quien razona es Carlos Corach. Con lucidez distante de pensador positivista. Desde el ostracismo voluntario de París.
Desde la óptica argentina coyuntural, la reflexión de Corach naufraga entre el voluntarismo y la utopía. Pero puede tomarse como lineamiento para interpretar -ya por cuenta del Portal-, la decisión de la señora senadora Roxana Latorre. Apoyar la permanencia de la señora Mercedes Marcó del Pont, en el Banco Central. Y mantener, en simultáneo, la identidad de opositora.
Milonga y conducción
Para la militancia emocional, debe hablarse de traición. De -al menos- imperdonable desobediencia. La atmósfera política, habitualmente deportiva, motiva que se hable de “triunfo del oficialismo”.
Derrota de la oposición. Blanco -hoy- de diatribas fulminantemente injustas. Menoscabos de ramos generales.
El brote maligno de la desconfianza obliga a considerar la previsible existencia del garrochazo reparador.
Latorre viene marcada, aparte, por aquel desprolijo distanciamiento con Reutemann. El gran administrador de las vacilaciones supo consagrarse, en materia de conducción, como un patadura.
Porque Reutemann no supo “conducirla” a Latorre. Justamente a una milonguera elegante, una dama brava, como Latorre. Conducida a la perfección, tan solo, en las vibrantes tanguerías de Rosario. O en El Beso, o Niño Bien, de Buenos Aires. Cortes sensoriales y ochos perfectos, después de las monotonías de la labor parlamentaria. [...] Leer más >>







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informe de Consultora Oximoron





