Tío Plinio querido,
Mi problema, en los aeropuertos de Europa, es el rostro árabe. Suele perturbarme entre los guardianes. Me demoran. Me miran de arriba hacia abajo. Me preguntan adónde voy a alojarme. A quién conozco. Se consultan entre ellos. Me hacen quitar hasta los zapatos. Ruego que no destelle, en las computadoras, la coincidencia del documento con ningún otro Zaín. O acaso Zaim. Aziz o Asis. Algún homónimo sindicado como terrorista. O como mártir dispuesto a inmolarse.
Con los años, probablemente por la convicción de mi pelo gris, los guardianes comprendieron, tío Plinio querido, que ya estoy bastante veterano para aventurarme en inmolaciones semejantes. Me dejan pasar, casi con piedad.
En cambio mi problema, en los aeropuertos de Argentina -o en cualquier paso fronterizo-, es otro.
Es la derivación del trámite encarado por el doctor Bergessio.
El pedido eterno de “averiguación de paradero”. [...] Leer más >>







Tío Plinio querido,
Tío Plinio querido,
Tío Plinio querido,
Tío Plinio querido,
Tío Plinio querido,
Tío Plinio querido,
Tío Plinio querido,
Tío Plinio querido,
Tío Plinio querido,






