escribe Osiris Alonso D’Amomio
Consultora Oximoron, especial
para JorgeAsísDigital
A su pesar, la Argentina se encuentra enchastrada en el lodo de la manoseada trinchera antiimperialista. Junto al dramático estremecimiento de Bolivia, y las petulancias de Venezuela.
El Evo y Chávez le hacen, a La Elegida, un lugarcito en el barro.
En semejante contexto, es una suerte que, al menos hasta hoy, Jorge Taiana, el inadvertido canciller del aislamiento, aún no haya instrumentado la expulsión del embajador Earl Wayne.
Sin embargo, de proseguirse, en el juzgado de Miami, con el ofensivo festival de oralidad, con el intenso pintoresquismo de la telenovelada “vaina” caribeña, Taiana tendrá que imitar la ejemplaridad heroica de sus pares. Nicolás Maduro, de Venezuela, y Choquebianca, de Bolivia. Para recurrir a la salvación gestual del antiimperialismo, en versión escandalosamente grotesca. Aquí, la berretada de las acumulaciones recaudatorias de Uberti, y de Kirchner, suplen el romanticismo perdido de la ideología.
Diferenciaciones
La dinámica autónoma de los acontecimientos mancilló las saludables intenciones diferenciadoras de La Elegida. En oportunidad de su lejana campaña, la pobre muchacha supo desplegar una batería insuficiente de méritos, a los efectos de resultar admisiblemente presentable en los Estados Unidos. Con el propósito de ser exactamente funcional a los intereses del imperio que hoy, desde la irreparable trinchera, se degradan.
Ella planificaba distanciarse de los desastres diplomáticamente seriales del marido.
Tal vez, La Elegida se tomó demasiado en serio el espejismo de la depuración. Cuando suponía que era posible encarar una gestión superadora, de aquella que debía continuar. Al menos, pretendía tomar distancias de la sucesión colosal de irregularidades que se sintetizaban, por comodidad, en la figura recursiva de Julio De Vido. [...] Leer más >>