El cordobesismo, en su concepción cultural, es una compadrada. Como el argentinismo.
Aquí emerge -el cordobesismo- como la respuesta explícita del orgullo sensibilizado.
Cabe consignar que el cordobés se sintió agredido. Humillado. Los intentos de imposición resultaron desastrosos.
En su altiva ceguera, los transitorios inquilinos del poder central, no supieron percibir que atravesaban un momento de vulnerabilidad.
En el universo de Cristina, que creyó en las encuestas, vaya y pase. O en Máximo, por la amplitud del desconocimiento.
Pero extraña en Zanini, que de cordobesismo básico algo conoce. Lo suficiente, acaso, para espantarlo.
“Zanini es de los que se fueron de Córdoba con rencor”, sugiere la Garganta.
“De los desconfiados que volvieron del sur con poder”.
El tema da para otro ensayo (ampliaremos). [...] Leer más >>







escribe Jorge Asís, especial
Ganó, pobre Macri.
Al comerse el amague de la invencibilidad de la adversaria preferida, Macri, el Niño Cincuentón, se bajó de la ventura presidencial.
Tío Plinio querido,
Macri lo embarcó a Miguel en la aventura de la gobernación. Para que lo acompañara, desde la provincia, en su candidatura presidencial.
“Macri no es el rival de Cristina. Es el sucesor”, confirma la Garganta.
Pero el triunfo de Macri, sobre Filmus, fue -para que cierre la teoría- demasiado humillante.
La atmósfera de jolgorio cedió al turno de la tristeza patética. Inesperadamente previsible.
Las líneas inspiradas que emanan, tío Plinio querido, del dramatismo de otra Carta Abierta.
Mauricio, el Niño Cincuentón, se quedó “en la antesala de los 50 puntos”.
“Tenemos cerrado con Boudou el contrato para fabricar los billetes”.
Culmina, afortunadamente, la campaña electoral del Artificio Autónomo de Buenos Aires.



