escribe Jorge Asís
especial para JorgeAsísDigital
Atenas
Comparativamente, la canallada del Fondo Monetario Internacional dejó caer, a la Argentina, por un miserable plato de lentejas. Hoy es Grecia que tiene que hacer los terribles deberes, a los efectos de imponer los sacrificios inagotables a sus ciudadanos mal acostumbrados. Para que La Troika les libere la entrega de 8.000 millones de euros. Son los que pertenecen al sexto tramo del primer rescate, de 110.000 millones de euros, aprobado a mediados del 2010. Mientras tanto, sin mayor fortuna, el Primer Ministro Lukas Papademus tiene que disponerse a hacer los méritos. Con la carga grave de ser el portador ingrato de la racionalidad, en un contexto signado por las alucinaciones convenientemente demenciales. Papademus es unánimemente calificado de tecnócrata, apelativo aquí entendido como una virtud. Supo conducir el Banco Central Europeo, uno de los pilares de La Troika, junto al FMI y la Comisión Europea, la presuntuosa inutilidad que preside Durao Barroso, de Portugal. Otro paisito -Portugal- que resultó aprobado por los fiscales de Maastricht, y que ya recibió un auxilio de 73 mil millones de euros.
A través de la utopía de los recortes, Papademus encabeza un gobierno de coalición. Lo integran los socialistas del PASOK, que son los grandes responsables del colapso, y que aún mantienen a cargo el ministerio de Economía. Junto a dos partidos de derecha que controlan la Defensa y la Política Exterior. Los que sólo pueden arrimar el bochín hacia el poder merced a la catástrofe.
La Troika, a través de su informe, tiene que emitir la necesaria luz verde para registrar la entrega salvadora de otros 130 mil millones de euros. Y conseguir, por si no bastara, la condonación de alrededor de 100.000 millones de euros. Es lo que negocia Papademus con los representantes de la banca privada, que concentran la mayor parte de los títulos de deuda, que asciende, según las fuentes, a 350 mil millones de dólares.
La suerte geopolítica
Si a pesar de la demostración de estas cifras temibles, por su crisis casi inofensiva de los dos mil, la Argentina insiste en proponerse como antecedente para interpretar la Grecia actual, puede caerse en el territorio precipitado de la insolencia teórica. O metafísica. [...] Leer más >>