escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital
Como un adolescente torpe que devuelve, con mirada inocente, un automóvil chocado, Kirchner, en emergencia, le arroja, al gobernador Scioli, la presidencia del Partido Justicialista. Por la cabeza. Ante el dramatismo implícito en el rostro de Balestrini, el vicegobernador. Titular, aparte, de la “Secretaría Política”.
Entrega Kirchner la presidencia del PJ estrellado. Al vice, Scioli, el líder de la Línea Aire y Sol, que viene devaluado por las consecuencias de su patológica lealtad.
Para que Scioli lo componga, al PJ. Lo ponga al menos presentable. Disponible para la ficción del “movimiento”.
Para ser explícitamente francos, el PJ que Kirchner le arroja por la cabeza a Scioli, en presencia del poder territorial real -o sea Balestrini-, es el instrumento simbólico de su ruina.
La representación del fracaso personal. Es decir, el fracaso político.
La madre de todos
los errores
La debacle anunciada del kirchnerismo, en el Portal, se trató antes. Mucho antes que en los grandes medios de la superada prensa tradicional. Los que, en el furor de la complacencia, colaboraron para gestar el penúltimo producto cultural del peronismo. Kirchner. Del que, en la actualidad, se espantan.
Se evaluó, por ejemplo, en el Portal, que a Kirchner le fue “infinitamente mejor, como presidente de la Argentina, que como presidente del Partido Justicialista”.
Como esbozo de estadista, al menos, a Kirchner se lo puede discutir. De ningún modo es por gratuita casualidad que en la Argentina se hable, exclusivamente de Kirchner, desde hace seis años.
Como dirigente partidario, en cambio, Kirchner derivó en una decepción elemental. Un desastroso fiasco que alcanzó a taponar, incluso, alguno de sus atributos incuestionables. Méritos eventualmente rescatables. Para este “desencuentro” no vienen al caso.
La orgiástica dilapidación del poder, coincidió, en Kirchner, con la proyectada reconstrucción del Partido Justicialista.
Un peronismo a la carta, a su antojo, al arbitrio de su paladar.
Patética consecuencia del máximo error básico. ”La madre de todos los errores”. El error que no lo condenó solamente al ocio de la desocupación. Lo indujo -aquel error- a la adicción de autoaniquilarse.
Consistió en haberse convertido, especulativamente, en El Elegidor. Al designar, arbitrariamente, a La Elegida. En la cúspide de los “plenos poderes”, que fascinaban a Neruda, antecedente poético de Alberto Fernández.
Con la racionalidad de creer, absurdamente, que Kirchner mantenía asegurado, por delante, doce años de kirchnerismo garantizado. Por lo bajo.
“Que desencuentro”. [...] Leer más >>